Concepto vs. Konzept

Había una vez un empresario español que voló hasta Dusseldorf para participar en una feria del sector de su empresa. Quería presentar sus productos a potenciales clientes alemanes. Estaba seguro que su buen hacer desde hacia ya… le sería recompensado ante tan augusto foro, donde es bien sabido que se premia al buen trabajo.

He aquí que un descendiente de los suevos se acerco a su mostrador y con mucho interés le fue preguntando sobre sus productos, capacidad de producción, tiempo y forma de entrega, modos de pagos, seguros de transporte, e incluso le hizo un guiño sobre una exclusividad para toda Alemania. Eventual distribución a países del este de Europa, de eso se podría hablar.

Nuestro empresario no podía estar mas satisfecho, y haciendo gala de la bien conocida hospitalidad española, le invito en diez días a visitar las instalaciones de su empresa. Allí lo vería in situ, podrían seguir en detalle sobre los pormenores de la operación, todo ello por su puesto con el agasajo tradicional de la tierra.

El suevo, tras comprobar rápidamente en su agenda electrónica su disponibilidad de viajar, cerro fecha de viaje, aseverando que al día siguiente recibiría email con los detalles de su vuelo. Antes de despedirse le hizo una petición, “I will travel to Spain but I do expect to get your business concept”. Como buen español le dio su palabra, y se despidieron satisfechos los dos de haber iniciado con este primer encuentro un futuro prometedor para ambos.

Diez días después aterrizaba el empresario suevo quien fue recibido como ordena protocolo por coche de empresa e inmediatamente continuaron viaje hasta las instalaciones centrales de la empresa española. Allí le esperaban los directivos de ventas, compras, operaciones y finanzas junto a nuestro emprendedor presidente. Después de un detenido recorrido por los departamentos, la cadena de producción, almacén y oficinas, caminaron a un restaurante de primera que les esperaba con una majestuosa mesa para tan altos comensales.

La comida comenzó con aperitivos, que el suevo declino y sustituyo por agua con gas. Inmediatamente comenzaron a llegar la rondas de platos entrantes, por aquello de ir haciendo boca. Nuestro comensal de las Alemanias viendo tanto, tan pequeño pero constante, llego a pensar que es una forma inteligente de comida de trabajo, mientras pueden ir entrando en detalles. La cuestión que empezó a inquietarle fue que ninguno de sus anfitriones, ni siquiera el presidente quien tan buena impresión le había causado en Dusseldorf, parecían tener el menor interés en ni siquiera iniciar con el punto motivo del viaje, business.

Aquí viene el sommelier quien pregunta al presidente que vino desea para el primer plato. Se hablaba tan rapido, todos al mismo tiempo y en español, que nuestro germano quien no había tenido la oportunidad de estudiar el idioma de Cervantes, ni se entero de lo que acontecía. Cuando vio ese magnifico primer plato de pescado, junto al oloroso vino blanco de la tierra que le servían, no tuvo mas que aplicar su buenos modales luteranos y comenzó a alabar la buena cocina y el producto de las uvas del lugar. Por inocente que no ignorante, no podía ni imaginar lo que aun quedaba por llegar. Un magnifico chuletón bañado con un tinto medalla de oro en la ultima feria del vino de la región, dulces para casi terminar, del famoso convento de monjas de la región acompañados con vino dulce, que parecía inocentón pero pegaba cual mejor Snap de su tierra.

Aunque su paciencia en otras circunstancias ya se hubiera hecho trizas, aguanto con valentía la siguiente ronda: los puros!!! Se dijo a si mismo, estoy en tierra extranjera, no puedo despreciar a mis anfitriones, ya que se mueven por costumbres del lugar y no soy quien para menospreciarlas.

Con un cafe expreso en las manos, por fin se atrevió a romper la tan afable como banal conversación de sobremesa, que por cierto fue una de las costumbres que mas le sorprendieron. En su diccionario de bolsillo no encontró un significado claro a la palabra “sobremesa”. Esto lo dejamos para un próximo post.

Con voz firme pregunto al presidente, where is your concept?

Todos se miraron unos a otros sin entender una sola palabra. El concepto estaba ya hablado y se entendía que era una cuestión de firmar un pre acuerdo, que aquí estábamos ya celebrando nuestra suerte de habernos encontrado, y mañana antes de su salida se pasaría a la firmar formal del contrato previo.

Cual no seria la sorpresa de nuestros anfitriones cuando tras oír estas simples explicaciones, el color de la cara de nuestro suevo paso de blanco pálido a rojo carmesí, no precisamente por que se le atragantase el humo del puro que no terminaba de consumir, sino mas bien por un aumento del nivel de adrenalina, que en segundos provoco un claro ensanche del cuello, pudiendo observar como los músculos escalenos, recto y largo se tensaban. Clavo la mirada en los presentes, y dirigiéndose al presidente con dureza, eso sí sin perder las formas y utilizando un lenguaje correcto, les dijo que el es una persona muy ocupada que no esta dispuesto a perder el tiempo, y mucho menos que le tomen el pelo. Realmente en inglés dijo que no le tiren de su pierna, que es la traducción literal de nuestro “tomar el pelo”, expresión que tampoco fue bien entendida.

Se levanto de la mesa repentinamente, y les emplazo a que si en una semana no recibía un “Konzept”, daría por terminadas las negociaciones.

El empresario presidente se quedo sin habla.

¿Que habían hecho mal?

pensador

 

El día que leyó este articulo, lo entendió.

Cuando hablamos un idioma extranjero, por muy alto nivel de conocimiento que tengamos, nuestra orientación de las palabra vienen determinadas por nuestro idioma materno.

Un concepto en español es sencillamente una idea.

“Konzept” en alemán y mas concretamente en el mundo empresarial germano parlante, significa un informe previo a un acuerdo comercial, que debe tener un indice de su contenido, con un apartado esencial: propuesta económica con previsiones de gastos y beneficio antes de impuestos para un periodo de al menos un año y según el caso hasta cinco años.

El hablar un tercer idioma en cualquier ámbito, debe de hacerse con precaución. En el mundo de los negocios es vital, sino el idioma de la contraparte, al menos tener conocimientos de los protocolos de comportamiento que han de tenerse en cuenta.

Una buena primera impresión es en toda cultura importante. Conocer los parámetros y meridianas de orientación del mundo empresarial en el que pretendemos cerrar, o al menos intentar, operaciones económicas, es sencillamente esencial.

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